Por Dra. Claudia E. Zalazar
El maestro Luigi Ferrajoli en su obra Por una Constitución de la Tierra. La humanidad en la encrucijada (2022) presenta una propuesta audaz, profundamente filosófica y radicalmente transformadora, que desafía las concepciones tradicionales del derecho y la política, al tiempo que nos invita a soñar con un contrato social de alcance verdaderamente planetario. Sienta las bases de un verdadero constitucionalismo global con la finalidad de vincular los poderes políticos y económicos a los derechos humanos y a la justicia global.
El maestro se pregunta ¿cómo hacemos frente a las grandes emergencias globales de nuestro tiempo? Las guerras, las desigualdades, la crisis medioambiental, la explotación laboral y las migraciones son fenómenos catastróficos que traspasan las fronteras nacionales y que los Estados no son capaces de gestionar.
Propone una visión radical y necesaria: la creación de una Constitución de la tierra, un sistema jurídico supranacional capaz de garantizar la paz, la sostenibilidad medioambiental y los derechos fundamentales para todos, y de liberar a nuestras propias democracias nacionales de actual subordinación de sus gobiernos a los poderes económicos y financieros globales.
Mientras que las constituciones nacionales sólo pueden limitar el poder de los Estados en su interior, la política internacional ha carecido de vínculos jurídicos efectivos. Es por ello, que con la lucidez que caracteriza su pensamiento jurídico y filosófico, analiza fragilidades de nuestro ordenamiento internacional y ofrece un modelo realista para superarlas. Sostiene que la única alternativa racional frente a las crisis catastróficas del siglo XXI es la creación de una Constitución de la Tierra.
Sus ideas principales son:
1. Insuficiencia de los Estados Nacionales
a) límite territorial: las constituciones de los países solo pueden regular y limitar el poder dentro de sus fronteras internas;
b) emergencias globales: fenómenos destructivos como el cambio climático, las guerras nucleares, las desigualdades económicas y las migraciones forzadas desbordan la soberanía de cualquier país aislados;
c) poderes salvajes: el mercado globalizado, los conglomerados financieros y las corporaciones multinacionales operan sin un marco jurídico supranacional que controle sus abusos;
2. El fracaso del orden internacional actual
a) Estructura obsoleta: instituciones como la ONU siguen basadas en el viejo paradigma del Estado soberano.
b) Falta de garantía: los tratados internacionales y cartas de derecho han fracasado porque carecen de herramientas coercitivas y jurisdiccionales para hacerse cumplir.
3. La necesidad de una Constitución de la Tierra
a) Constitucionalismo rígido: Plantea un pacto global supraordenado capaz de invalidar cualquier ley interna que atente contra los derechos de la humanidad
b) Garantía de paz: Exige la prohibición universal de todas las armas y la eliminación del mercado armamentístico, catalogándolo como un crimen contra la humanidad.
c) Bienes comunes planetarios: Propone extraer del mercado comercial los recursos vitales (el agua potable, el aire, los grandes bosques) para declararlos patrimonio constitucional de la Tierra
d) Servicios e impuestos globales: Apoya la creación de un sistema de salud, educación y una renta básica planetaria financiada a través de un fisco global progresivo.
4. Realismo ilustrado frente a la utopía
a) Falsa utopía: el autor revierte el argumento clásico, afirma que la verdadera utopía e insensatez es creer que el mundo puede sobrevivir bajo el actual modelo de producción insostenible y carrera armamentista.
b) Evolución del derecho: Históricamente, las grandes tragedias civiles obligaron al derecho a dar un salto cualitativo (del absolutismo al Estado de Derecho). El momento actual exige extender ese modelo a escala planetaria para evitar un suicidio civilizatorio.
En una época en la que las fronteras se desvanecen y los desafíos globales emergen con una intensidad sin parangón, el autor se alza como una voz potente y visionaria que nos insta a reconsiderar la arquitectura jurídica de nuestro planeta.
En esta línea de pensamiento, el autor sostiene la necesidad de un derecho que refleje la pluralidad de voces y perspectivas que conforman la humanidad, y que solo a través de un diálogo respetuoso y continuo podremos construir un sistema normativo que respete y proteja la dignidad de cada ser humano.
En el corazón de la propuesta de Ferrajoli se halla la convicción de que, ante la magnitud de los desafíos globales, como la crisis climática, las pandemias y la creciente desigualdad económica, es urgente y necesario contar con un instrumento jurídico que trascienda las divisiones nacionales. Su obra no es meramente un tratado sobre derecho; es una declaración de principios éticos, una oda al diálogo global que busca armonizar la diversidad cultural y los derechos humanos en un marco universal.
Ferrajoli amplía esta idea al ámbito global, sugiriendo que la Constitución de la Tierra debe ser el resultado de una conversación inclusiva y equitativa entre todas las naciones y pueblos del mundo, donde cada voz tenga el mismo peso y las decisiones se tomen en beneficio del bien común.
La estructura de Por una Constitución de la Tierra se divide en tres secciones principales, cada una abordando aspectos cruciales para la construcción de una constitución planetaria. La primera sección, «Catástrofes Globales», subraya la urgencia de redefinir el papel de la esfera pública en la gobernanza global. Ferrajoli identifica cinco catástrofes interconectadas: los desastres ecológicos, la proliferación de armas nucleares, las violaciones a las libertades fundamentales y derechos sociales, la explotación laboral desenfrenada y las migraciones masivas. Estas problemáticas están intrínsecamente relacionadas, con la situación migratoria emergiendo como consecuencia de las guerras, el cambio climático y la pobreza exacerbada por la precarización laboral.
La segunda sección, «Límites del Constitucionalismo», expone las limitaciones de las políticas nacionales para enfrentar estas catástrofes globales. Sostiene que las políticas nacionales, con sus alcances espaciales limitados y su enfoque cortoplacista debido a las contiendas electorales, no son suficientes para abordar los desafíos planetarios. Propone, en cambio, un sistema normativo que limite y regule los poderes globales, expandiendo el paradigma constitucional tradicional para incluir las relaciones de mercado y las dinámicas internacionales. Esta expansión del constitucionalismo no se limita a la introducción de nuevas garantías, sino que incluye también un constitucionalismo de mercado que imponga reglas para controlar los poderes descontrolados del mercado, evitando que la economía prime sobre la política.
En la tercera sección, argumenta que el camino hacia una constitución de la Tierra es no solo necesario, sino la única alternativa viable para evitar la extinción de nuestra especie. A pesar de la creciente conciencia sobre las catástrofes inminentes, como la pandemia de COVID-19, la respuesta adecuada requiere de soluciones institucionales comunes que trasciendan los particularismos estatales. La obra destaca la importancia de establecer mecanismos capaces de restringir los poderes reales, aquellos que tienen una influencia incluso mayor que los poderes políticos de los Estados.
Por una Constitución de la Tierra no es una lectura ligera; es una obra que demanda una profunda reflexión y un compromiso serio con las ideas que presenta. Ferrajoli nos desafía a reconsiderar nuestras suposiciones sobre el derecho, la política y la justicia, y a imaginar un futuro en el que las divisiones nacionales sean superadas por una responsabilidad compartida hacia nuestro planeta y sus habitantes.
Su obra culmina con un llamado a la acción y una advertencia: el camino hacia una constitución de la Tierra será arduo y requerirá un esfuerzo colectivo y sostenido por parte de la comunidad internacional. No obstante, este desafío es esencial para construir un futuro más justo, equitativo y sostenible.
En la invitación de Ferrajoli a imaginar lo imposible, encontramos la verdadera grandeza de su obra: nos incita a contribuir a la monumental tarea de reimaginar el contrato social de la humanidad bajo el vasto firmamento del nuevo milenio.
El maestro entreteje en su obra no solo un análisis jurídico de altísima profundidad, sino también una llamada a la introspección colectiva. A lo largo de sus páginas, se nos invita a cuestionar no solo la efectividad de nuestras instituciones, sino también nuestra propia complacencia ante un sistema global que a menudo perpetúa la desigualdad y la injusticia. En este sentido, Por una Constitución de la Tierra trasciende su propósito inicial y se convierte en una meditación filosófica sobre la naturaleza misma de la humanidad y su relación con el planeta.
Al explorar las raíces históricas del constitucionalismo, Ferrajoli nos recuerda que los grandes avances en la historia del derecho siempre han surgido en respuesta a crisis existenciales. Desde la Magna Carta hasta la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los hitos del derecho internacional han nacido de la necesidad de imponer límites al poder y de proteger la dignidad humana. Por ello sitúa su propuesta en esta tradición, argumentando que la magnitud de los desafíos contemporáneos exige un salto evolutivo en nuestra concepción del derecho y la justicia.
Uno de los aspectos más impactantes de la obra es la forma en que Ferrajoli articula la interconexión de las crisis globales. La crisis ecológica, la proliferación de armas nucleares, la explotación económica y las migraciones masivas no son problemas aislados, sino síntomas de un sistema global disfuncional que prioriza el interés particular sobre el bien común. La constitución de la Tierra, en la visión del autor, no es simplemente un documento legal, sino un compromiso colectivo para abordar estos desafíos de manera integral y holística.
Ferrajoli también ofrece una crítica incisiva del capitalismo global y su impacto en la estructura del poder. Argumenta que el mercado, cuando se deja sin regulación, tiende a concentrar el poder en manos de unos pocos, socavando la democracia y exacerbando las desigualdades. Su propuesta de un constitucionalismo de mercado tiene como objetivo corregir este desequilibrio, imponiendo límites al poder económico y garantizando que los derechos fundamentales no sean sacrificados en el altar del lucro.
En este sentido, la obra de Ferrajoli se alinea con los movimientos contemporáneos que abogan por una mayor justicia económica y ambiental. Sin embargo, el pensador va más allá, proponiendo un marco jurídico que no solo aborda las injusticias presentes, sino que también anticipa y previene futuras crisis. Su visión es a la vez radical y pragmática, ofreciendo soluciones concretas que pueden ser implementadas a nivel global, pero siempre con un ojo puesto en la preservación de la dignidad humana y el respeto por la diversidad cultural.
En definitiva, Por una Constitución de la Tierra es una obra monumental que desafía nuestras concepciones más arraigadas sobre el derecho, la política, la justicia y la equidad.
El maestro nos invita a soñar con un futuro en el que la humanidad, unida por un sentido común de responsabilidad y solidaridad, pueda construir un sistema normativo que garantice la paz, la justicia y la sostenibilidad para todos.
Todo ello nos ha convencido de la necesidad de crear en todos los países de Latinoamérica y en el mundo cátedras abiertas de la Constitución de la Tierra, como una forma de aunarnos y ahondar en estos pensamientos con miras a lograr un futuro mejor.
Esperemos que desde la Catedra creada en la Universidad Blas Pascal (Córdoba, Argentina) podamos brindar herramientas, pensamientos, trabajos, etc para ayudar a engrandecer este proyecto.
Es un llamado a la acción que no podemos ignorar, una obra que resonará en la conciencia de todos aquellos que se preocupan loablemente por el destino de nuestro planeta y sus habitantes dentro del venidero milenio. Sin duda, su mayor legado.